
Me gusta harto caminar tiempo que no lo hacia caminar por las callesitas de Santiago. Encuentro que recorrer y dejarse llevar por los pasos, hace mas entretenido un viaje regular entre puntos medianamentes cercanos. Antes camina arto pero en Rancagua no hay mucho por donde caminar y ver calles y gente diferente que te dejen pensando. Como cambiarse de vereda y así tener otra visión del mismo trayecto.
Creo que cuando uno mas disfruta la ciudad y lo que nos muestra es cuando somos peatones en pleno ejercicio de esa condición. Cuando la velocidad de los pasos nos permite detener la vista en esos detalles que en un viaje a mayor velocidad se pasan por alto. Desde lo que encontramos en las fachadas, colgando de las ventanas, mirando sobre las rejas, espiando la intimidad de un patio trasero, fijarse en la vereda, jardín, o la esquina de tal o cual lugar. Ver como abuelos gastan sus últimos años en salir y contemplar como su querido barrio se moderniza, y como los niños ocupan y hacen posesión de los cada vez mas escasos lugares de esparcimiento que la ciudad les deja.
O cuando nos internamos en el centro mismo de la capital. Pasajes, calles y avenidas, nos ofrecen desde la visión del peatón, historia y modernidad, progreso y falta de desarrollo, urbanidad y también mucha miseria en algunos casos.
O cuando nos internamos en el centro mismo de la capital. Pasajes, calles y avenidas, nos ofrecen desde la visión del peatón, historia y modernidad, progreso y falta de desarrollo, urbanidad y también mucha miseria en algunos casos.
En fin asi es Santiago una ciudad que se disfruta mucho caminar con sus distinta variedades tanto de construcciòn arquitectonica como diferentes especimen de gente.
