
Los carretes de ahora. La onda son los excesos. Vivir la vida en exceso. Los excesos pueden estar en la diversión que incluye risas, lágrimas y amor, entre alcohol, cocaína, morfina, heroína, ácido; según los tiempos. Los carretes requiere un desgaste anormal de energía, si no, no es onda. La onda tiene que ser irracional, si no pierde su nivel de trascendencia. Cuando la onda asciende hasta el nivel de trascendente, viajero has llegado al misticismo; el exceso de alcohol en el cuerpo, de droga en el cuerpo, de sexo en el cuerpo, de ácido en el cuerpo, conducen a Dios y al Diablo: los constituyentes de las leyes del misticismo. Para estar en onda hay que disipar todo, para estar más cerca del momento más trascendente y metafísico: la muerte. El gran momento místico está al filo de la muerte porque estamos ante la resolución del Gran Misterio.
La onda, en su dimensión terrenal, es la desaprobación del modo de vida de la sociedad. La onda es el desprecio a las normas que ésta impone al individuo. Y por último, estar en onda es estar al margen, convertirse en outsider, forajido, disidente, rebelde; en un ser humano fuera de las leyes que rigen el orden de la sociedad; es oponer la imaginación a la no-imaginación; es parodiar la disipación que se oculta detrás de la solemnidad del mundo cuadrado, chato, plano y fresa.
Y tu que onda.
Escuchen Rock le hara mutu bene.